miércoles, abril 01, 2009
¿Cuándo se joderá la revolución? - Tomas Borge
Conozco, en forma directa, y por referencias, a miles de heroicos guerrilleros, combatientes bajo la bandera roja y negra. La inmensa mayoría, de quienes sobrevivieron, son pobres.
Estuve hablando hace unos días con una familia querida y respetada de apellidos Rivera Salgado. Originaria de Estelí, igual que uno de sus miembros, el inmortal Francisco Rivera “El Zorro”. Ellos, 7 hermanos, hombres y mujeres, fueron guerrilleros. Todos son pobres, trabajadores y sandinistas. Continúan dispuestos al sacrificio. Igual, hay miles de familias que empuñaron el fusil guerrillero. Son pobres y son sandinistas.
Conozco otros- como el propio Sergio Ramírez- que saborearon los panales del poder. Nunca dispararon un cachinflín ni siquiera el día de la virgen María,” la purísima” y son en extremo ricos. No fueron guerrilleros y son ricos.
Viven en casas piñateadas- Ramírez es uno de ellos- y no fueron guerrilleros. Pero son ricos. El famoso escritor, en algún momento, fue demandado por los legítimos propietarios del inmueble. Ignoro si continuó el juicio.
Son casatenientes, con varias mansiones en zonas residenciales – en las Colinas por ejemplo. El famoso escritor es uno de esos ricachones. No son guerrilleros pero son ricos.
Tienen abultadas cuentas en euros y dólares en bancos del exterior y cuando, por alguna razón legal se las congelan lloran a moco tendido. No fueron guerrilleros pero son ricos.
Varios de esos acaudalados, enemigos del F.S.L.N. han sido banqueros, entre ellos, por supuesto, don Sergio. No han sido guerrilleros pero son ricos. Cuenta Edén Pastora cómo el funcionario del Centro Universitario Centroamericano, regañó a Carlos Coronel por haberle llevado a su oficina a Edén, quien años después, sería un legendario guerrillero y quien dicho sea de paso, tampoco es rico. Este mismo personaje le dio la espalda a Carlos Fonseca, mientras vivía en Costa Rica. Carlos era guerrillero y era pobre.
Hay muchos que nunca fueron guerrilleros y son pobres. Son demasiado jóvenes o, por una u otra razón no tuvieron oportunidad de combatir. Mas quienes combatieron son pobres o tienen, en la mayoría de los casos, recursos económicos limitados.
Han dicho algunas personas que Daniel Ortega quiere estar en el poder hasta los 97 años, edad en la que murió su madre. Tal afirmación está preñada de inaudito cinismo y de la peor mala fe, faltándole al respeto a la anciana y sufrida madre de los Ortega. Lo dicen Sergio Ramírez y los politiqueros. No lo dicen los guerrilleros.
Tales reflexiones me hacen creer que la revolución se jodera cuando regresen al poder -si regresan- quienes nunca fueron guerrilleros y son ricos.
jueves, febrero 05, 2009
Literatura fantástica contra Daniel Ortega - Tomas Borges
Ernesto Cardenal, el gran poeta nicaragüense, se apuntó por una modalidad literaria a la cual llamó exteriorismo, una forma nueva del realismo. No obstante, en sus últimas declaraciones obsesivas contra Daniel Ortega parece incursionar en un delirante surrealismo o, a lo mejor, en la llamada literatura fantástica.
Afirma el poeta: “Ortega tiene una enfermedad sanguínea en su corazón que sólo le permite tener una hora de sol al día. Por eso sus actividades públicas y gubernamentales son por la noche”. Consulté con médicos especialistas. Todos ellos me afirmaron que no existe ninguna enfermedad sanguínea que te vuelva enemigo del sol. Sólo la llamada Lupus eritematoso sistémico -que no es sanguínea- la cual produce, entre otros síntomas, intensa fatiga. Daniel más bien padece de antifatiga.
Yo visito con cierta frecuencia a Daniel y siempre bajo la luz del sol. Lo que al parecer ignora Cardenal es que Daniel trabaja de día y parte de la noche. Así lo hacen muchos dirigentes revolucionarios en América Latina y el Caribe.
Lo más curioso de esta comedia, reunida junto con emboscadas, golpes de mano, hostigamientos y salivazos amarillos, contra el FSLN y el presidente nicaragüense, es el escenario. Estas palabras de Ernesto y otras de Sergio Ramírez, con las mismas estridencias, fueron publicadas en el diario más connotado de la derecha en el Perú. Un colaborador de ese medio, revelante reaccionario, fue invitado por Sergio Ramírez a dictar conferencias en Managua. Era anunciada, por lo tanto, una campaña de este periódico contra Nicaragua y su revolución.
La ultraderecha nicaragüense, con éstas y otras publicaciones similares, visitó de inmediato la farmacia de la esquina para comprarse pañales ya que está en orinadera perpetua por sus carcajadas de alegría.
El pasado 18 de diciembre el Parlamento Europeo aprobó una resolución llamada “los ataques contra los Derechos Humanos, las libertades públicas y la democracia en Nicaragua”.
El FSLN -o su gobierno- no ha bombardeado poblaciones indefensas, no ha invadido con tanques y armas modernas ningún país vecino, no tiene un solo preso político, no hay exiliados, no se ha burlado de la ONU. Nada reprochable. La única guerra del gobierno sandinista es contra el analfabetismo y la mortalidad infantil.
A pesar de ese “nada” rotundo, Nicaragua ha tenido “el privilegio”, que nunca tuvo Israel, de recibir esta resolución ofensiva, infame y cobarde.
Los legisladores pidieron el alto al fuego pero, desde luego, a Hamas y no a los asesinos israelitas. Exigieron, de una forma vergonzosa, terminar con la ayuda económica a Nicaragua y no se atrevieron a decirle pío a Israel. Hamas ganó las elecciones en 2006. Se le congeló la ayuda financiera. Lo mismo se le ha hecho a Nicaragua. Nuestra única fortuna es que no somos vecinos de Israel, a quien los sádicos señores de la Unión Europea no tocan ni con el pétalo de una rosa.
Ellos, el imperio y la derecha mundial vomitan amenazas, mentiras asquerosas, en su inodoro ideológico universal y aplauden, hasta el delirio, a Cardenal, Ramírez y a otros izquierdistas nicaragüenses.
miércoles, setiembre 03, 2008
Refundación en América Latina - M. A. Bastenier
América Latina ya ha sido fundada en dos ocasiones, aunque siempre en una cierta continuidad. Pero una tercera, de múltiples y contradictorios significados, parece estar al caer. Y México, con la megamani contra la violencia del sábado, es el último escenario en el que se ha dado un paso en esa dirección.
Antes que izquierda o derecha, hay otro signo más esclarecedor: Occidente o no Occidente
La primera fundación se produjo durante el siglo XVI, con la creación de la sociedad hispano-india -y negra- de la que hoy es heredera gran parte del mundo hispánico; y la segunda, a las independencias que a partir de 2010 empezará a conmemorar con seguras estridencias antiespañolas todo el continente. Pero entre ambas había una homogeneidad básica: la clase dirigente, peninsular y criolla, no dejaba nunca de ser española.
La primera tentación clasificatoria en esa carrera de refundaciones con que ha comenzado el siglo XXI latinoamericano es la de agruparlas en izquierda y derecha, por nominal que ello resulte. Y en el apartado de la izquierda aparece primero la Venezuela de Hugo Chávez, seguida de la Bolivia de Evo Morales, y sin entrar en mayores matizaciones, Ecuador con Rafael Correa, Nicaragua con Daniel Ortega, Paraguay de Fernando Lugo y la Honduras de Manuel Zelaya, que acaba de ingresar en el ALBA con el que Caracas pretende disputar la cancha económica a Washington. Hasta Cuba, decana de todas las izquierdas latinoamericanas, experimenta una modestísima refundación guiada por Raúl Castro en su búsqueda de alguna economía de lo real.
En el agrupamiento conservador estarían prominentemente México y Colombia, donde la refundación tiene una autonomía propia, apenas gobernada por sus dirigentes políticos. Y entre una y otra definición flotan quienes sería difícil reunir en un lote tan preciso como los anteriores: Brasil, Argentina, Uruguay, Chile y Perú, entre otros. Pero antes que izquierda o derecha, cabe otro signo identitario más esclarecedor: Occidente o no Occidente, en la partida de bautismo.
México, bajo la presidencia del derechista Felipe Calderón, es sintomático. Lo que quiere la ciudadanía es refundar el país en la normalización de la democracia occidental; una refundación en cámara lenta, que ya había comenzado incluso antes de la caída del PRI en los últimos años del siglo XX. Unas estructuras que fueron concebidas en los años veinte y treinta al servicio exclusivo del poder; un Ministerio de la Gobernación, una policía y un Ejército que sólo existían como medio para la aclimatación del ciudadano a una dictadura que se llamó "perfecta" porque perfecto era el encuadramiento, ni siquiera siempre represivo, de la masa social. Y esas estructuras son hoy incapaces de combatir a otro poder que se ha alzado sobre las ruinas y los vacíos creados por el apartamiento del PRI: el crimen organizado. Una fuerza pública que es todavía menos eficaz porque ha sido desarticulado su eje de gravitación; peor que una corrupción centralizada sólo es una corrupción descentralizada. La refundación de México sería por ello el final de un camino, iniciado con el primer proceso de modernización del país, el Porfiriato y su liquidación por la revolución de 1911; o en su último tramo, con la terminación de la dictadura a la elección de Vicente Fox en el año 2000.
El caso opuesto es Bolivia, donde Morales va más lejos que ninguno de sus compañeros de viaje: la desoccidentalización o deshispanización del país. Chávez puede darle a su enigmático "socialismo del siglo XXI", y encima "bolivariano", el significado antiliberal que le plazca, pero la meta es sólo una acomodación del capitalismo a sus intereses; Occidente rectificado, pero no un salto atrás.
El presidente boliviano, en cambio, persigue una revolución no sólo económica, sino antropológica. El homus bolivianus ha partido ya en busca de su pasado. Y esa refundación ha segregado en un clima que vocifera guerra civil su contrarrefundación; la de Santa Cruz y las provincias rebeldes de la Media Luna, que quieren reinventar Austria-Hungría como una disipada confederación de las tierras bajas del este con el altiplano que sueña un nuevo tahuantisuyo posincaico.
América Latina trata de refundarse en este albor del siglo, en orden inevitablemente disperso. En Colombia, el señuelo para el cambio sería un sistema de partidos moderno, elevado sobre los rescoldos de una hoguera que alumbraron conservadores y liberales; y en México, una refacción de pies a cabeza del Estado, que lo ponga al servicio del ciudadano y de la democracia. No se trata de convertirse en otro país, como en Bolivia, sino de ser, por fin, una gran nación en este siglo que comienza.
M. Á. BASTENIER 03/09/2008 El Pais.commartes, mayo 20, 2008
¿Tan a la izquierda se ha movido América Latina?
Me parece que hay cuatro diferentes tipos de evidencia que uno podría invocar para decir que América Latina se ha movido a la izquierda. El primer tipo es que todos estos gobiernos, de una u otra manera han buscado distanciarse de Estados Unidos en un grado o en otro. En todos estos casos el gobierno de Bush habría preferido que ganaran sus oponentes electorales. En el pasado, Estados Unidos tendía a trabajar para lograr su remplazo, de hecho su derrocamiento. Pero la decadencia del poderío estadunidense en el sistema-mundo, y en particular la preocupación de Estados Unidos por las guerras que viene perdiendo en Medio Oriente, le han secado la energía política con la que previamente se movía decididamente en América Latina. Una evidencia de esto es el fallido golpe de Estado contra Chávez en 2002.
¿Cómo fue que estos gobiernos pusieron distancia entre ellos y Estados Unidos? Hay varias formas. En 2003, Estados Unidos fue incapaz de persuadir a los dos miembros latinoamericanos del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de que respaldaran la resolución que buscaba legitimar la invasión estadunidense a Irak. En la última elección para secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), perdió el candidato apoyado por Estados Unidos, lo cual nunca había ocurrido en la historia de la OEA. Y cuando el único amigo seguro de Estados Unidos en la América Latina de hoy, Colombia, se metió en un pleito grave con Venezuela y Ecuador, los otros Estados latinoamericanos se pusieron, de hecho, del lado de Ecuador y Venezuela. Ecuador se está rehusando ahora a renovar el acuerdo relativo a la base militar estadunidense localizada ahí.
El segundo tipo de evidencia de una tendencia hacia la izquierda es el agudo aumento en la importancia política y el poder de los movimientos indígenas por toda América Latina –sobre todo en México, Ecuador, Bolivia, y Centroamérica. Las poblaciones indígenas de todo el continente han sido los actores más oprimidos de la población y en gran medida se les ha mantenido al margen de las estructuras políticas. Pero ahora tenemos a un presidente indígena en Bolivia, que representa una revolución social genuina. La fuerza de estos movimientos en la zona andina y en las áreas mayas de México y Centroamérica ha sido un factor importante en su política, un factor que es perdurable.
El tercer tipo de evidencia ha sido la supervivencia, de hecho un resurgimiento, de la teología de la liberación. El Vaticano se movió para suprimir estos movimientos durante los últimos tres papados, con por lo menos el mismo vigor que Estados Unidos utilizara contra los gobiernos de izquierda en los cincuenta y sesenta. Los teólogos fueron silenciados y los obispos simpatizantes han sido remplazados cuidadosamente por unos que claramente no simpatizan. No obstante, los movimientos católicos inspirados en la teología de la liberación siguen floreciendo en Brasil. Los presidentes de Ecuador y Paraguay han emergido de esa tradición. Y los progresos de los grupos protestantes evangélicos en América Latina pueden estar moviendo al Vaticano y lo hacen más tolerante hacia los teólogos de la liberación, quienes al menos son católicos y que podrían ayudar a frenar esta pérdida de creyentes de la Iglesia.
Finalmente, Brasil ha logrado un éxito razonable en convertirse en el líder del bloque regional sudamericano. Esto puede no ser en sí mismo un movimiento hacia la izquierda. Pero en el contexto de un proceso mundial de multipolarización, el establecimiento de tales zonas regionales no sólo debilita el poder de Estados Unidos sino de todo el Norte en términos de las relaciones Norte-Sur. El liderazgo de Brasil entre los países del llamado G-20 ha sido un factor importante en destripar la posibilidad de que la Organización Mundial de Comercio implemente una agenda neoliberal.
Entonces, ¿qué suma todo esto? Ciertamente no una “revolución” en el sentido tradicional del término. Lo que significa es que el punto medio de la política latinoamericana, el locus del “centro”, se ha movido considerablemente a la izquierda de donde estaba hace apenas diez años. Esto debe ponerse en el contexto de un movimiento mundial. Este viraje hacia la izquierda está ocurriendo en Medio Oriente y en Asia Oriental también. De hecho, ocurre también en Estados Unidos. El impacto de la recesión económica, que probablemente pronto se vuelva aun más severa, sin duda empujará todavía más estas tendencias.
¿Habrá alguna reacción de las fuerzas de la derecha? Sin duda las habrá. En América Latina vemos el intento de las regiones más acaudaladas y más “blancas” por escindirse de Bolivia y salirse de por debajo de las poblaciones indígenas mayoritarias que finalmente lograron el poder en el gobierno central. Políticamente estamos ante tiempos frágiles, en América Latina y en otras partes. Pero en América Latina, la izquierda está en una posición mucho más fuerte para enfrentar estas batallas hoy que hace medio siglo.
Traducción: Ramón Vera Herrera
© Immanuel Wallerstein
http://www.jornada.unam.mx/2008/05/19/index.php?section=opinion&article=032a1mun