martes, noviembre 06, 2012

MOVADEF y la izquierda - Rocío Silva Santisteban *

Ni la Ley del negacionismo que los victimiza, ni la cancelación de la memoria, ni la “renuncia” de un embajador, ni la persecución de las izquierdas son la mejor estrategia para derrotar al Movadef. Derrotar al Movadef significa darles la pelea, de cara y frontalmente, como lo hicieron María Elena Moyano y Pascuala Rosado con SL o como los ronderos que en la Marcha del Agua los botaron de la Plaza Dos de Mayo. Hoy como ayer serán los dirigentes populares los que salgan al frente con sus acciones o que se opongan con sus ideas contra los mandos y combatientes de SL o los dirigentes de su facción continuista.
Solo se va a derrotar al Movadef sin miedo a morir en el intento porque no es lucha para cobardes. Y sin hacer cálculos políticos, porque lo que se requiere contra el Movadef es firmeza y coherencia. Con batallas por la memoria y marchas pacíficas, blandiendo una propuesta para que nuestro país salga del lastre del desarrollismo y del extractivismo, con una justa distribución de la riqueza que pueda palparse en las camas de los hospitales y en los pupitres de los colegios rurales; radicalmente democrática, ecológica e intercultural, esas serán las formas como se pueda combatir al Movadef. Ni negándolo, ni aceptando su sucio juego anti-democrático dentro de los márgenes de nuestra democracia. Al Movadef no hay necesidad de desenmascararlo: tiene rostro y es letal.
Obligar a Nicolás Lynch a renunciar ha implicado darle demasiada fuerza al Movadef, que ahora enarbolará esa cabeza como una victoria. Lynch debió renunciar cuando se produjeron las muertes de Espinar, Celendín, Bambamarca, Paita, entre otras, puesto que si eres verdaderamente de izquierda no tenías por qué avalar un gabinete como el de Valdés. Que haya recibido al Movadef es una torpeza más. Y claro, ahora, los militantes de ese movimiento sumarán a la cabeza de Lynch una reunión con las Madres de la Plaza de Mayo y una tímida carta de Pérez Esquivel pidiendo amnistía. Todo para posicionarse con fuerza en las esferas internacionales, recaudar fondos y cobrar mayor visibilidad hacia adentro. Y lo están logrando.
Mi clara posición sobre Lynch no significa, por supuesto, que no pueda dejar de decir que ha sido masacrado mediáticamente con torpe cálculo político. Por ejemplo, el artículo de Martha Meier M.Q. que el sábado publicó en el diario El Comercio sobre Lynch, además de mal escrito, me parece bajo porque intenta vincular a toda la izquierda peruana con Sendero Luminoso, ignorando a todos los dirigentes de IU que murieron en manos senderistas e insinuando que los de Patria Roja, quienes contuvieron a SL en Cajamarca, son de la misma calaña. Solo la torpeza de una anti-comunista de manual y panfletaria podría concluir algo tan mezquino. Francamente la hemipléjica moral es ella y si no fuera porque es la dueña de El Comercio, no creo que tuviera ninguna otra tribuna.
No seamos ingenuos: la DBA y su correlato “decano” pretenden dejar en off-side a toda la izquierda porque saben que pierden terreno ante las movilizaciones sociales y por eso chillan de regocijo por la cabeza de Lynch, se lanzan con garras contra Susana Villarán, aplauden la sentencia Villa Stein, instigan a favor del indulto, intentan comprar asociaciones indígenas, coaptan a Ollanta Humala. Les digo algo: quienes venzan al Movadef saldrán de las canteras de una izquierda democrática. Y probablemente, como antes, no serán ni héroes ni mártires.

*  Rocío Silva Santisteban (Lima, 1963). Estudió literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Doctora en Literatura por la Universidad de Boston. Ganó el Premio Copé de poesía con su poemario Ese oficio no me gusta (1990). Otras publicaciones: Mariposa negra (1993), Condenado amor y otros poemas (1995) y Turbulencias (2006). En 1994 publica su libro de relatos Me perturbas (1994). Actualmente es periodista y docente universitaria. Además es presidenta de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos.

Fuente: http://www.larepublica.pe/columnistas/kolumna-okupa/movadef-y-la-izquierda-06-11-2012

miércoles, junio 13, 2012

El relato de la izquierda latinoamericana

El éxito de su historia contrasta con la poca elegancia de sus discursos de legitimación


La izquierda latinoamericana ha vivido en los últimos años una historia de éxito. Gana elecciones y reelecciones en la mayor parte de la región y en los pocos países donde no gobierna, como México, Colombia o Chile, constituye una fuerza opositora de peso. En la última década, la mayoría de las izquierdas latinoamericanas ha gobernado bien: ha reducido la pobreza, aumentado el gasto público en educación y salud, pero no ha trastocado el desequilibrio macroeconómico de sus países y ha contenido la inflación. Los actuales presidentes de la izquierda son sumamente populares y los que han dejado el poder en los últimos años, como Lula da Silva, Tabaré Vázquez o Michelle Bachelet, siguen poseyendo un enorme capital político.
La exitosa historia de la izquierda latinoamericana contrasta, sin embargo, con la poca elegancia de sus discursos de legitimación. A la hora de contar la historia de su auge, la izquierda apela al relato de la decadencia. Una y otra vez alude a los monstruos del “neoliberalismo”, descontinuado hace una década, o del “imperialismo yanqui”, cada vez con menor capacidad de presión diplomática y financiera —por no hablar de la inexistente amenaza militar— sobre los gobiernos latinoamericanos, como pudo verse en la pasada Cumbre de las Américas de Cartagena. O rinde culto a la Revolución Cubana, al Che Guevara y a las guerrillas latinoamericanas, todos, referentes de una izquierda marxista y violenta que, en sus medios y sus fines, ha sido abandonada, incluso, por Hugo Chávez en Venezuela o Raúl Castro en Cuba.
Cuando no recurren al archivo de los años guerrilleros, los gobiernos de la izquierda latinoamericana van más lejos: a los libertadores de América. De aquellos próceres, republicanos neoclásicos en su mayoría, extraen una simbología descolonizadora anacrónica, que estaría más cerca de los populismos y nacionalismos de mediados del siglo XX que de los experimentos constitucionales del siglo XIX, donde el paradigma liberal regía con pocas impugnaciones. Nada más contradictorio, sobre todo en el mundo andino o el mesoamericano, que juntar en un mismo panteón heroico a próceres republicanos y liberales del siglo XIX con líderes y movimientos indígenas del siglo XX, que se rebelaron contra las políticas anticomunitarias impulsadas por los primeros durante décadas.

Llegaron al poder gracias a la democracia pero siguen imaginándose como una fuerza “revolucionaria"
La nueva izquierda latinoamericana y la teoría neomarxista (Badiou, Rancière, Zizek, Hardt, Negri, Butler…) se leen con mutua desconfianza. Ernesto Laclau ha logrado incorporar algunas nociones al discurso kirchnerista, pero las mismas no son centrales en este último y su caso es excepcional. Más cerca de la renovación conceptual de la izquierda latinoamericana está el vicepresidente boliviano Álvaro García Linera, cuya articulación de katarismo y marxismo apunta a una potenciación del perfil comunitario, indigenista y plurinacional del “socialismo del siglo XXI”. Pero fuera de esta corriente, bastante circunscrita al mundo andino o específicamente boliviano, los contenidos ideológicos de dicho socialismo no van más allá del nuevo populismo de Chávez o del viejo comunismo de Fidel y Raúl Castro.
La izquierda latinoamericana no sólo no asimila el neomarxismo sino que tampoco se abre plenamente al multiculturalismo. Políticas emblemáticas de este último como las relacionadas con las cuestiones de género y las sexualidades no logran consolidarse en los gobiernos de la región. El matrimonio gay ha sido legalizado en la ciudad de México y en Argentina, pero no en Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua, países del ALBA que comúnmente se asocian con las izquierdas más radicales. El derecho al aborto no es reconocido por los gobiernos de Dilma Rousseff en Brasil y Cristina Fernández de Kirchner en Argentina y la prevención y la penalización de discursos y prácticas machistas, homofóbicas y racistas son sumamente precarias en toda América Latina.
La torpeza con que la izquierda narra su ascenso al poder le impide capitalizar uno de los elementos que la distinguen del viejo comunismo: su mayor comprensión de los fenómenos de la cultura popular. A diferencia del marxismo-leninismo de corte soviético y cubano, que aspiraba a una regeneración cultural de la ciudadanía, basada en el ateísmo y la ciencia, las nuevas izquierdas usan un lenguaje menos doctrinario y más permeable a los mitos rurales y urbanos. La demagogia y el populismo que signan las políticas culturales de la izquierda conspiran contra la voluntad de producir ideologías menos circunscritas a las estrechas agendas de las minorías letradas.
La mayor limitación del relato de la izquierda tiene que ver con su idea de la democracia. En la última década la izquierda latinoamericana llegó al poder, gracias a la democracia, no a la revolución, pero sigue imaginándose como una fuerza “revolucionaria”, antes que como un conjunto de gobiernos democráticos. A diferencia de algunos sectores de la izquierda brasileña, uruguaya y chilena, sobre todo, los gobiernos bolivarianos siguen proyectando una imagen negativa de la democracia, heredada del comunismo y el populismo. La democracia es para ellos un medio para llegar al poder y preservarlo, no la finalidad de la vida pública.
Rafael Rojas es historiador.
fuente:  http://elpais.com/elpais/2012/05/17/opinion/1337260459_464923.html

lunes, junio 11, 2012

Los traicionados - Fernando Rospigliosi *

En España apareció hace poco más de un año una corriente de protesta que luego se extendió a otros lugares conocida como los indignados. En el Perú ha surgido un movimiento cada vez más numeroso y, sobre todo, más iracundo, irritado y exasperado, el de los traicionados. Los traicionados por Ollanta Humala.
Más rabia
Los estallidos de violencia y las protestas que se vienen produciendo desde que Humala asumió el gobierno, tienen un ingrediente adicional al de las revueltas ocurridas en gobiernos anteriores: la rabia de los manifestantes, que se sienten estafados por el candidato que los alentaba en sus demandas y en los métodos muchas veces violentos que utilizan.
Humala y su gente estimularon prácticamente todos los reclamos que sucedieron desde el 2005 en adelante. A Ollanta además, se le identificaba con el violento “Andahuaylazo”, protagonizado por su hermano Antauro, pero presuntamente dirigido por él, según la propia versión de Antauro.
Ollanta usaba como carta de presentación política el alzamiento de Locumba contra Alberto Fujimori.
En Bagua hubo varios prominentes humalistas azuzando a los nativos y, después de la matanza, Ollanta exigió la destitución del presidente Alan García.
Humala propagó durante años un discurso radical antiminero, una de cuyas expresiones fue la famosa disyuntiva entre el agua y el oro enunciada precisamente en Cajamarca.
En suma, Ollanta participó en dos sublevaciones armadas, pidió la destitución de 3 presidentes y alentó todas las protestas. Para todos aquellos que intervienen en revueltas violentas o simpatizan con ellas, él era el arquetipo, el modelo a seguir, el presidente ideal.
Lo que se podía esperar
Con esos antecedentes, era previsible que si ganaba Humala los conflictos se desbordarían. En abril del año pasado señalé que:
“Humala pretende engatusar a los electores peruanos con el cuento de que él disminuiría los conflictos cuando, en realidad, lo más probable es que aumenten. En efecto, mucha gente entusiasmada con el discurso radical, empezará a exigir todo, lo posible y lo imposible, recurriendo a los métodos que el propio Humala ha instigado antes, el bloqueo de carreteras, el desorden y la asonada”. (“Humala y los conflictos”, 12.4.11, Espacio Compartido, http://bit.ly/hbKEwL).
Se pueden discutir mil argumentos a favor y en contra de Humala. Pero en conflictividad social no hay duda que era el peor de los 5 candidatos con opción.
Hipocresía
Con el cambio de gabinete en diciembre del año pasado un grupo de izquierdistas fue echado del gobierno. Un congresista fue expulsado por apoyar a los antimineros de Cajamarca. Ahora han renunciado otros más.
Ellos tienen razón en una cosa: Humala ha dado un viraje de ciento ochenta grados en el último año, abandonando las ideas radicales y extremistas, y ubicándose cada vez más a la derecha. Desde ese punto de vista, está perfectamente justificado su apartamiento del humalismo y las críticas que hacen al Presidente.
Sin embargo, hay una inocultable dosis de oportunismo que los izquierdistas tradicionales pretenden obviar hoy día. El Humala del 2012 es, en muchos sentidos, el mismo que ellos criticaban el 2006.
En efecto, en ese momento ellos acusaban a Ollanta de ser un militar violador de los derechos humanos y un corrupto que sobornaba testigos para ocultar sus crímenes.
Destacaban el hecho que Humala era un militar con un entorno militar montesinista. Javier Diez Canseco lo calificó con rotundidad como “caballo de Troya del montesinismo”, aludiendo a sus contactos telefónicos con Vladimiro Montesinos durante el levantamiento de Locumba, en los mismos momentos en que el ex jefe del SIN escapaba del país.
El 2011, sin embargo, Humala se convirtió para las izquierdas en el gran líder democrático y popular que el Perú necesitaba.
¿Qué había cambiado? Nada, salvo una cosa. En el 2011 Humala les abrió las puertas, formó una alianza con ellos –Gana Perú–, los incorporó a sus listas parlamentarias y les prometió puestos en el gobierno. En el 2006 les había dado con la puerta en la nariz, dejándolos fuera.
Esa diferencia fue la que modificó completamente la percepción de las izquierdas del militar montesinista, violador de los derechos humanos, a gran líder democrático, progresista y popular.
El gran beneficiado en el gobierno por los ataques de los izquierdistas, es el premier “chambón” –como lo califica Augusto Álvarez– Óscar Valdés, que se mantiene todavía en su cargo, gracias a los ataques de Gregorio Santos y los congresistas renunciantes, que han impedido hasta ahora que Humala lo cambie para no concederles una victoria.

Nació el 25 de febrero de 1947 en Lima. Estudió sociología en la Pontificia Universidad Católica del Perú.
Ha trabajado como profesor e investigador académico de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Lima, editor y columnista del semanario “Caretas” y comentarista del Canal N de televisión. Ha sido investigador del Instituto de Estudios Peruanos, IEP.
Se desempeñó como Ministro del Interior en dos ocasiones durante el gobierno de Alejandro Toledo y Presidente del Consejo Nacional de Inteligencia (CNI), la agencia de inteligencia del Estado.
Actualmente escribe la columna "Controversias" en el diario La República y conduce "Llanta de prensa", en ATV+.


fuente:  http://www.larepublica.pe/columnistas/controversias/los-traicionados-09-06-2012

viernes, junio 08, 2012

Yehude: Santos debe ser mas responsable y no 'irse de boca' como presidente regional en el problema de minero

Yehude Simon: si Megacomisión me cita iré con la frente en alto


Se defiende.

Yehude Simon: si Megacomisión me cita iré con la frente en alto
Yehude Simon: si Megacomisión me cita iré con la frente en alto
 
Sobre el ex presidente Alan García, mencionó que ya no se debe discutir si debe asistir o no a la Megacomisión del Congreso, como lo ha propuesto el parlamentario Wong.
El segundo vicepresidente del Congreso, Yehude Simon, afirmó que él no teme a ninguna investigación que se le quiera hacer en la denominada Megacomisión, porque cualquier indicio de una supuesta investigación, el acudirá  a aclarar las cosas.
“A cualquier citación que me haga la llamada Megacomisión, yo iré con la frente en alto  a enfrentar cualquier cargo; porque el que no la debe, no la teme, y yo no le temo a nada y no le debo a nadie”, remarcó.
Si se me cita por sospechas, allí estaré.  Yo tengo una conducta intachable y por lo tanto, debo enfrentar a cualquiera que me acuse de irregularidad alguna. Así es la democracia”, sentenció el congresista Simon.
Sobre el ex presidente Alan García, mencionó que ya no se debe discutir si debe asistir o no a la Megacomisión del  Congreso, como lo ha propuesto el parlamentario Wong.
“Todo el mundo sabe que García asistirá el viernes, ha sido citado y así se ha difundido en los medios de comunicación”, refirió.

http://www.larepublica.pe/07-06-2012/yehude-simon-si-megacomision-me-cita-ire-con-la-frente-en-alto

jueves, junio 07, 2012

Carta de Gustavo Gorriti, director de IDL- Reporteros al presidente Ollanta Humala

De la columna ‘Las Palabras’ publicada en la edición 2235 de la revista ‘Caretas’.
Carta al presidente Humala
Don Ollanta Humala,
Presidente de la República
Señor presidente:
Una semana antes de que usted asumiera el poder, hace casi un año, le escribí una carta como esta, con reflexiones sobre su entonces reciente triunfo, sobre la promesa que abría y el deber que exigía una victoria tan brillante cuanto inesperada.
Repasé la carta a la luz de lo que viene sucediendo en estos meses y, sobre todo, en estos días; y pensé que quizá no esté fuera de lugar escribirle para reflexionar sobre sus inesperados golpes de timón, señor presidente, y sobre la extraña deriva de su gobierno.
Recuerdo que en los días más pugnaces de la segunda vuelta, en una entrevista con Rosa María Palacios, Álvaro Vargas Llosa –que había venido a Lima a reforzar su campaña, y se ganó en consecuencia el aullante vituperio de esa derecha deshonesta e histérica–, le apostó a una medio incrédula Rosa María (y lo digo de memoria), que esa misma gente iba a estar haciendo cola para el besamanos del 28 de julio.
Álvaro no solo acertó sino se quedó corto. Lo de besamanos fue un pálido eufemismo. Digamos que si hubiéramos corrido una cortina sobre Palacio por algunos meses y la descorriéramos ahora, ¿qué encontraríamos? A los que estuvieron en el mitin de Keiko, a su lado, señor presidente; y a gran parte de quienes estuvieron en el mitin de la Plaza 2 de mayo, en el lado opuesto.
¿Es esa la naturaleza de la política y de la vida? No necesariamente. Es verdad que la política y el arte de gobierno es saber manejar realidades sociales complejas de manera eficiente. Usted no tenía experiencia de gobierno; pero era y es pragmático, había aprendido en sus años como militar a desenvolverse de la mejor manera posible en la realidad que le entregaban.
Claro que usted tuvo un equipo interesante de colaboradores, dirigidos por Siomi Lerner, durante los primeros meses de su gestión. Pero hubo evidentes diferencias de aproximación y estilo a la tarea de gobierno. Siomi y la gente cercana a él partían, en los hechos, de la premisa de que el camino al orden es el diálogo.
Usted, por lo contrario, obviamente piensa que el orden es el camino al diálogo; y aborrece la indisciplina, la falta de líneas claras de mando y obediencia.
Esa diferencia fundamental deshizo en pocos meses de gobierno la relación de años de camaradería de campaña con todo un grupo de gente muy cercana (empezando por el propio Siomi), que fueron paulatinamente reemplazados por tecnócratas y políticos que se sienten de lo más satisfechos con ese tipo de administración predicada en la búsqueda de orden y la disciplina.
Y así, como quien no quiere la cosa, la misma gente que lo denostó y demonizó hasta hace 10 meses, ahora funge de intérprete de su pensamiento y reclama con fingida indignación que se reprima y encarcele, como ‘agitadores’ y hasta ‘golpistas’, a aquellos cuyas opiniones y acciones usted apoyó hasta el momento mismo de jurar la presidencia.

SUS actuales portavoces oficiosos (porque los oficiales son algo más púdicos), propalan que esos ollantistas de ayer reprimidos por el Ollanta de hoy, han olvidado que todo lo que el programa de la ‘Gran Transformación’ logró fue el 31% de los votos, y que la victoria fue obtenida gracias a la ‘Hoja de Ruta’, sobre cuya ambigua cartografía hablan ahora como si tuvieran los derechos de autor.
Ahí no solo están los que apoyaron histéricamente al fujimorismo el 2011 sino los que lo hicieron en los 90 y el dos mil. No todos, pero sí muchos. Tan conocidos que no parece necesario ordenarlos en una base de datos, ¿verdad?
Nadie dijo que gobernar fuera fácil, señor presidente. De hecho es duro y puede hacerse trágico.
Usted, por ejemplo, se ha forzado a pagar, un precio muy alto en lo personal. Está enfrentado políticamente con su padre y su madre; y ha encerrado en la Base Naval a su hermano Antauro. No tengo la menor duda de que todo ello debe haber sido doloroso; y que usted no solo trató de afirmar su autoridad, sino mostrar la determinación de ejecutar las medidas más duras si lo estima necesario.
Y si sigue así, las medidas tendrán que hacerse crecientemente duras. Las geishas de ayer lo azuzarán, señor presidente, con parecidos argumentos a los que utilizaron contra la oposición democrática el año dos mil: acusándola de ser subversiva y golpista.
Pero el endurecimiento represivo, sobre todo si junto con lo brutal es bruto y venal, no va a solucionar nada. En corto o mediano plazo, empeorará las cosas.
El orden es necesario, y hace usted bien en subrayar su importancia. Pero el orden del Estado debe ser justo, preciso, proporcional y, sobre todo, imparcial.
¿Qué tiene de justo o siquiera legal, señor presidente, que en el caso de Espinar, por ejemplo, la Policía mantenga a los detenidos dentro de las instalaciones de la compañía minera, que la comisaría funcione también dentro de ella? ¿Qué aparezcan ‘bombas molotov’ cada vez que se quiere detener a alguien o impedir, por ejemplo, el vuelo de don Isaac a Cajamarca?
Es que ese tipo de prestidigitación, que no produce conejos sino molotovs, solo es posible cuando se tiene como jefe de la Policía y como jefe de operaciones policiales, a dos oficiales cuyo mayor mérito es su coartada ridícula en el caso de las Brujas de Cachiche.
Usted no ha cumplido todavía un año de gobierno, señor presidente, y creo que está a tiempo de corregir errores y distorsiones. Ha hecho muchas cosas bien; y si rectifica el rumbo en pocos pero cruciales aspectos, puede terminar logrando un buen gobierno.
¿Qué hacer? Empezar por comprender que usted no ganó la segunda vuelta porque la ‘Hoja de Ruta’ hubiera tranquilizado o sedado a la Confiep, a los fujimoristas, a los pepekás y a esa gente.
Usted ganó gracias al Juramento por la Democracia. Eso galvanizó a quienes luchamos contra Montesinos y Fujimori, lo convirtió a usted en el líder de las fuerzas democráticas contra el retorno de la dictadura y le dio, junto con la presidencia, la misión de perfeccionar y profundizar la Democracia.

ESE es su mandato fundamental, señor presidente. Actúe en consecuencia, que no es todavía tarde.
Tome, o retome ese papel, y la gobernabilidad democrática funcionará mucho mejor que el frágil orden que puede lograr una Policía parcializada, con jueces y fiscales que violan el debido proceso.
No encarcele a la gente por hacer lo que usted como candidato les pidió que hagan. Explíqueles, razone con ellos y actúe, cuando haya que hacerlo, con imparcialidad y con verdad.
Pese a que su hermano Antauro defiende una repudiable ideología racista, creo que usted sabe que es un abuso tenerlo preso en la Base Naval. Lo peor es que es una admisión de miedo e impotencia, no de autoridad. ¿Admite el Estado peruano ser impotente como para controlar una prisión civil de alta o mediana seguridad? Corrija el abuso y exija una mínima competencia al INPE.
No persiga a la protesta que no sea violenta. Aunque sea una necedad pedir ahora la vacancia presidencial, eso no es un delito. Si lo fuera, ¿cuánta gente que pidió la vacancia de Toledo en su momento (y podemos hacer memoria) no debería estar presa?
Luche contra la corrupción. De a verdad, con fuerza. Pocas cosas confieren mayor legitimidad que eso. Pocas son más necesarias.
Usted fue elegido para ser el abanderado de la democracia y no de la plutocracia, señor presidente. Está a tiempo de ajustar el rumbo. Ojalá lo haga. Su éxito será el de nosotros todos.
fuente:  http://idl-reporteros.pe/2012/06/07/columna-de-reporteros-82/

Después del divorcio - Gustavo Mohme Llona *

Lo principal es la promesa de cambio más allá de la izquierda

El paso de la izquierda peruana por el poder actual ha sido efímero. En un primer acto, en diciembre, fue cambiado el gabinete presidido por Salomón Lerner y con él varios ministros y funcionarios de militancia en la izquierda. La renuncia de tres congresistas a la bancada oficialista es el segundo acto que liquida la sociedad que Ollanta Humala y la izquierda celebraron hace varios años, mucho antes de la campaña electoral del 2011.
Esta ruptura, al mismo tiempo, es real y simbólica; la izquierda, que respaldó al candidato de Gana Perú y su oferta de cambio cuestiona el abandono de las promesas electorales y su ausencia hace tangible, y por lo que se advierte irreversible, la nueva ruta del gobierno. El sentido simbólico de esta ausencia se agudiza porque desde la izquierda se ha enarbolado un programa político y económico que hoy se bate en retirada, entre marchas y varazos.
Ese programa era el de Humala, quien participó en una competencia en la que se ubicó con claridad y precisión en una postura diferente con ideas innovadoras sobre la política, la economía y especialmente en las relaciones entre el Estado y los ciudadanos. En ese proceso centenares de políticos e intelectuales de izquierda depositaron en el candidato su confianza y su concurso. El argumento que exhibe uno de los voceros del nacionalismo sobre que en la relación de Humala y la izquierda solo ganó la última a costa del candidato, es de mal gusto y equívoca; es desconocer que Gana Perú fue una confluencia de varios sectores, tradiciones, y movimientos, nacionales y locales, y que en ese agrupamiento estuvo la izquierda, aunque ciertamente no solo ella.
Los cambios tempranos en la orientación del gobierno victimizaron las ofertas electorales más que a la izquierda. El debate sobre si es válida la llamada Hoja de Ruta o el programa de la Gran Transformación es una coartada si lo que trata es de determinar de qué modo el gobierno puede incumplir mejor con el cambio. Lamentablemente, incluso para los partidarios de la Hoja de Ruta, esta se encuentra por lo menos a 45° a la izquierda de la posición actual del gobierno. Y la máquina parece seguir girando a tenor de las intervenciones vitriólicas del premier Oscar Valdés en las redes sociales, desdibujando más la figura presidencial a la que se supone debe cautelar.
Al margen de la renuncia de los tres legisladores lo cierto es que el pueblo izquierdista, pequeño o grande, ha abandonado al gobierno. También es cierto que no tenía otra opción si su alternativa no pasa por los puestos públicos o algunas prebendas. El balance de su apoyo a Humala tendrá que explicar tanto la adhesión como el divorcio.
La historia política del Perú esta llena de engaños y tretas. Podría decirse que ellos, sin embargo, formaban parte de la adolescencia de un país donde las ideas y los hombres públicos demoraban en asumir los roles para los que eran llamados. Por esa razón, desde la perspectiva republicana actual y no pasadista, un giro político violento de 180 grados y la entrega de un gobierno contrario al que se ofreció es un golpe emocional de envergadura sobre todo si millones de personas votaron con la ilusión de un cambio. La izquierda parece haber salvado su responsabilidad, su penitencia recién se inicia, aunque el problema sigue siendo el compromiso de cambio.


Gustavo Mohme Llona nació el 25 de abril de 1930, en el distrito de Chulucanas, Piura, y debido a la repentina muerte de su madre fue criado desde muy pequeño por su abuela materna, Stella Miller de Llona. Lejos de que esto sea un impedimento para su formación, siempre dio grandes muestras de honestidad con las personas que lo rodeaban, siendo solidario con todo aquel que lo necesitaba.
Mencionar su nombre es referirnos a un emblemático personaje que, en su quehacer político y periodístico, influyó en el desarrollo de la sociedad peruana durante varias décadas. No sólo se trato de un reconocido ingeniero civil que desarrolló obras de gran envergadura, sino que se enfrentó a los representantes de nuestras etapas más nefastas: la dictadura fujimontesinista.
En el año 1956 Gustavo Mohme Llona decidió casarse con Ramona Seminario, y fruto de su amor llegaron sus seis hijos: Stella, Gustavo, María Eugenia, Gerardo, Helena y Carlos. Años después y convencido por el ex presidente Fernando Belaunde Terry, decide incursionar en la política, adhiriéndose al partido Acción Popular (AP).

En
1985 fue elegido senador por Izquierda Unida. En la siguiente elección general, en 1990, volvió a ganar un puesto como senador, pero su gestión fue interrumpida por el autogolpe de Estado de Alberto Fujimori en 1992. Tras un breve receso, Mohme Llona fue llamado por el líder de Unión Por el Perú (UPP), Javier Pérez de Cuéllar, para integrar la lista parlamentaria, y así logró ser elegido para el periodo 1995-2000. Posteriormente, la muerte sorprendió a Mohme cuando había sido reelegido como congresista para el periodo 2000-2005, esta vez con la agrupación Somos Perú.

En noviembre de 1999,
Gustavo Mohme Llona convocó a diversas fuerzas políticas a firmar el Acuerdo de Gobernabilidad para fortalecer la democracia y enfrentar al fujimorismo y conservar la institución de la democracia.
Su trabajo político estuvo a la par con un sueño que en 1981 concretó: la fundación del Diario "La República”, convirtiéndose en uno de los medios de comunicación más importantes del país, lo que se mantiene hasta la fecha. Años después, también se formaron los diarios “El Popular” y “Libero”. Gustavo Mohme Llona falleció el 23 de abril del 2000, pero a pesar de ello, su legado se mantiene en cada uno de los trabajadores que conforman hoy el Diario La República.

fuente:  http://www.larepublica.pe/politica/editorial-06-06-2012

Zafándose de la izquierda - Mirko Lauer *

 
Juan Velasco Alvarado terminó su dictadura en medio de una batalla entre derecha e izquierda dentro y fuera de la propia Fuerza Armada, que recién el golpe interno de Francisco Morales Bermúdez pudo resolver. La colaboración de la izquierda había servido para cambiar el rostro del país, pero luego se necesitó girar hacia la derecha para estabilizar la economía.
Desde entonces por lo menos un par de gobiernos ha roto con su ala izquierda a poco de echarse a andar. Alberto Fujimori a meses de llegar a la presidencia, mucho antes del golpe de 1992. Alejandro Toledo comenzó con unos pocos ministros izquierdistas, y se deshizo de ellos pronto. El primero para cambiar el rumbo, el segundo para mantenerlo.
Alan García ya se había desprendido de su ideario de izquierda aprista cuando llegó al poder en el 2006. En el caso de Ollanta Humala hay dudas sobre si ya se había alejado in pectore de la izquierda durante la campaña del 2011. Todo esto mientras América Latina se ha ido llenando de gobiernos de izquierda populista, unos más eficientes que otros.
El vuelco ideológico de Fujimori no le impidió mantener una alta aprobación en los sectores D y E casi hasta el final, ni conservar algunos discretos entendimientos con algunas fuerzas de izquierda legal. En términos generales tuvo la cancha despejada para llevar adelante un programa de inversiones que hoy hubiera escarapelado a la protesta.
Lo de Toledo no fue propiamente un vuelco, sino el perfeccionamiento de una postura de centro-derecha, que lo mantuvo impopular en todos los sectores. No se le reprochó incumplimiento de promesas electorales, sino la imagen de libertino que trajo al poder, y que luego la prensa opositora se encargó de magnificar.
Uno de los telones de fondo en esta historia es que desde el tercio de la Asamblea Constituyente (1979) y el voto en torno de Alfonso Barrantes, la izquierda nunca tuvo votación significativa. Esto, y la crisis del movimiento sindical, se lo debe la izquierda sobre todo a Sendero Luminoso, que afectó la imagen de lo izquierdista en el país.
Sin embargo en 1990 y en el 2001 hubo votos de izquierda suficientes como para que Fujimori y Toledo le dieran espacio en la campaña. Pero no tantos como para que la dejaran participar en el gobierno, en una era en que la promoción del crecimiento económico ha sido la tarea indispensable para gobernar con pocos tropiezos.
Nadie postuló que los votos de izquierda hubieran sido decisivos para los triunfos de Fujimori o Toledo. En cambio el triunfo de Humala fue visto como un éxito de la izquierda, y la primera verdadera llegada de esta al poder elegido. De allí la acrimonia de la ruptura.

* Mirko Lauer (Žatec, República Checa, 1947) Narrador, poeta, ensayista y politólogo. Es Bachiller en letras por la Pontificia Universidad Católica del Perú y Doctor en literatura peruana y latinoamericana por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, es autor de una amplia obra poética que comenzó en 1966 con el poema teatral En los cínicos brazos y que ha continuado con obras como Sobre vivir (1986) y Tropical cantante (2002). Como novelista, ha publicado Secretos inútiles (1992), Orbitas. Tertulias (Premio Juan Rulfo de novela corta 2005) y Tapen la tumba (2009). En 2010,publicó Bodegón de bodegones, un estudio de las artes visuales del Perú a través de su gastronomía, premio Gourmand para libros gastronómicos ilustrados

fuente:  http://www.larepublica.pe/columnistas/observador/zafandose-de-la-izquierda-05-06-2012