lunes, abril 21, 2008

“Los que critican a Cuba no son de izquierda”

Legendario guerrillero en los setenta y controvertido ex ministro sandinista, Tomás Borge es ahora el embajador de Nicaragua en el Perú. Aquí defiende su izquierdismo ‘duro’ y habla de sus lealtades, pero también de sus querencias.

Por Enrique Patriau
Fotos: Claudia Alva

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La vida de Tomás Borge bien podría novelarse. Y acaso se necesitarían varios cientos de páginas para dar total cuenta de ella. Junto con Carlos Fonseca dio vida, en 1961, al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) que se enfrentó a la dictadura familiar de los Somoza. Hoy es el único sobreviviente de los fundadores del movimiento que dirige Daniel Ortega, actual presidente de Nicaragua.

Borge, guerrillero, político y poeta, es desde abril del 2007 el embajador de Nicaragua en el Perú. Se trata de un cargo relativamente tranquilo y cómodo para alguien que ha vivido siempre a mil revoluciones. Con 76 años a cuestas, niega estar muerto para la política. Esta semana lo entrevistamos en su oficina y hablamos de todo: la izquierda, Fidel Castro, Hugo Chávez, las FARC, Alan García, Víctor Polay y la muerte.

–¿Le gusta que lo llamen ‘legendario líder sandinista’?

–Me gusta que me llamen Tomás. Algunos me dicen ‘excelentísimo señor embajador’ y yo vuelvo hacia atrás para ver a quién se refieren. Y si no les gusta Tomás, prefiero ‘comandante’. Así me conocen en Nicaragua.

–No le gusta lo de ‘legendario líder’.

–No me gustan los adjetivos que exaltan a los seres humanos porque reflejan una exageración. Yo soy el único sobreviviente de los fundadores del Frente Sandinista. Quizás por eso emplean esos calificativos, no lo sé.

–¿Y cómo llegó a embajador en el Perú?

–Cuando triunfa el Frente Sandinista tengo la alternativa de ser ministro de turismo o embajador. Escogí lo segundo porque mi esposa, Marcela, es peruana, y mis tres hijos son peruanos-nicaraguenses. Marcela ya no quería vivir en Nicaragua porque los medios de comunicación de la derecha me atacaban de una manera tan feroz…

–De violaciones a los derechos humanos, entre otras cosas.

–Bueno, de todo. Y un día que caminaba junto a mi hija de 17 años, Camila, dispararon, me gritaron cosas y se aterrorizó. Al final, todos se vinieron para Lima y no tuve más remedio que ir detrás de mi mujer y mis hijos. Al fin y al cabo, ellos me necesitan, sobre todo Sebastián, quien es autista y tiene un gran apego conmigo.

–Se dice que usted tiene diferencias con el presidente Daniel Ortega.

–No, ninguna.

–Pero su presencia en Perú es, en la práctica, una suerte de exilio político.

–Ya le dije las razones por las cuales estoy acá. Mi relación con Ortega es buena.

–¿Nunca aspiró a la presidencia?

–Me señalaron muchas veces como un posible candidato, pero rechacé la idea. Te voy a explicar por qué. No te voy a mentir en nada. Cuando triunfó la revolución me convertí en el dirigente más connotado. Afuera me recibían como un jefe de Estado, con alfombras rojas, paradas militares, y nunca tuve un minuto para mí. Siempre andaba rodeado de gente. Eso no me agradaba. Por eso consideramos que la persona idónea para postular era Ortega. No me interesa ser presidente.

–Ahora Ortega es el principal dirigente de su partido.

–Y yo soy vicesecretario general, presidente del Congreso interno del Frente y su figura histórica. Ortega es el líder cotidiano. Por mi lado no me he desligado de Nicaragua. El mismo Daniel me consulta sobre muchas cosas.

–Su militancia en la izquierda tiene larga data.

–Cuando llegaron (Álvaro) Uribe y (Felipe) Calderón a Nicaragua para la toma de posesión de Daniel yo les dije a ambos: dejó de estar de moda ser de derecha.

–¿Qué tipo de izquierda pregona ?

–Hace 17 años conversaba con Fidel Castro y de ese intercambio surgió un libro, "Un grano de maíz", según Hugo Chávez su libro de cabecera en la cárcel. Yo le preguntaba sobre la situación de los pueblos latinoamericanos y él me respondía: está en franco retroceso. Pero hay muchos países latinoamericanos con gobiernos que se asumen de izquierda.

–Usted ha llamado a Hugo Chávez ‘gladiador de la izquierda’.

–¿Cómo sabe eso?

–Y "caballero andante".

–Yo más bien creo que ése es Fidel.

–Pensé que no le gustaba exaltar a las personas.

–No, no… bueno, muchacho, Carlos Fonseca (fundador histórico del sandinismo) decía: hay que criticar de frente y elogiar por la espalda, pero alguna vez debemos reconocer méritos a los compañeros. Yo no llego donde Hugo Chávez o Fidel o Rafael Correa a lamerles las botas. Jamás haré eso. Eso no significa que deje de reconocer los méritos de la gente.

–Prefiere a la izquierda modelo Hugo Chávez, me imagino.

–No. Yo soy de una izquierda sandinista, nicaragüense. La de Chávez es una izquierda audaz y muy franca.

–¿Qué admira de Chávez?

–Que es valiente, capaz de decir cualquier cosa que le sale desde adentro, aunque eso le ocasione problemas. Pero es preferible la franqueza que la diplomacia hipócrita.

–¿No percibe en Chávez un peligro para la democracia?

–No hay democracia en el mundo que haya demostrado ser más democrática que la de Venezuela.

–¿Lo dice por las elecciones? Esa es una democracia meramente plebiscitaria.

–Una democracia de elecciones continuas, de consultas populares.

–Pero una democracia implica más cosas: derechos políticos, sociales, libertad de prensa.

–Si estuvieras en Venezuela te admirarías de las barbaridades que le dicen a Chávez. No tienes ni idea. (Suena un teléfono y Borge descuelga, pero nadie responde al otro lado). Esa debe ser la CIA. Le decía, muchacho: nadie en Latinoamérica recibe tantas barbaridades juntas como Chávez. Ni siquiera Evo. Es una campaña persistente.

–Chávez mandó cerrar el principal canal opositor.

–Porque se le cumplió su contrato. Tenía todo el derecho de hacerlo.

–Existía una motivación política.

–De acuerdo, no lo niego. Sin embargo, ese canal había propiciado el golpe de Estado, mentido de una manera descarada y prácticamente pedido la muerte de Chávez.

–¿Y su pretensión, poco sana, de perpetuarse en el poder?

–¿Y la de Uribe? ¿Por qué no hablas de otras pretensiones similares?

–Hablemos de Fidel Castro, entonces, otro hombre muy admirado por usted.

–Yo le pregunté una vez qué se sentía haber pasado a la inmortalidad y él me respondió que toda la gloria del mundo, como dice Martí, cabe en un grano de maíz. Y me explicitó que él no hallaba la manera de escaparse del poder. No tienes la menor idea de lo que significa Fidel Castro en Cuba. Siempre ha sido tan necesaria su presencia que solamente encontró en su enfermedad la manera de escaparse. Él no desea regresar al gobierno porque está contento de haberse salido.

–Decir "no hay nadie como yo y por eso me quedo" es un tremendo ejercicio de ego.

–Así lo demandaban las circunstancias. Fidel es la figura más grande que ha producido América Latina después de Simón Bolívar.

–¿Y las violaciones de los derechos humanos?

–¿Cuáles?

–Usted también escribe poesía. Le digo un solo nombre: Heberto Padilla.

–¿Heberto Padilla? Tal vez fue un error de aquella época, pero no tan grave como los miles de errores y violaciones que se han cometido en todos nuestros países. ¿Cómo vas a comparar los derechos humanos de Cuba con los de otros países latinoamericanos? En Cuba es donde menos niños se mueren en el mundo. En Cuba no hay un solo niño abandonado.

–¿Uno puede asumirse de izquierda y no considerar a Fidel Castro un ícono?

–Yo mido a los verdaderos revolucionarios de América Latina por su visión sobre Cuba y Fidel. Los que no son partidarios de Cuba, para mí no son de izquierda, aunque te parezca un extremismo.

–Desde luego que es un extremismo.

–Cuba es la antorcha que ilumina las revoluciones. Y por las preguntas que me haces, tú no eres de izquierda, aunque tienes cara de hombre honesto.

–Sobre las FARC ha dicho: "Al rostro de su heroísmo le han aparecido inevitables lunares".

–Las FARC son heroicas. Los guerrilleros sabemos lo que significa estar en la montaña, acribillados por los zancudos, las garrapatas, el hambre, el frío.

–¿Se puede ser heroico manteniendo rehenes civiles enfermos, como Ingrid Betancourt?

–Yo hablo de lunares, ¿no?

–Eso es más que un lunar cancerígeno. Es casi una metástasis.

–No lo sé. Soy partidario de que las FARC pongan en libertad a sus rehenes, de la misma manera que sería conveniente que el gobierno colombiano ponga en libertad a los guerrilleros prisioneros. Si las FARC decidieran dar ese paso le darían una lección a ese gobierno enemigo de la paz que es el de Uribe, quien pretende continuar en el poder sobre la base de la guerra. A mí me dijo la madre de Ingrid Betancourt: "Mi hija puede pasar de la selva a la presidencia. Y Uribe prefiere la muerte de mi hija a eso".

–Ahora se habla de una izquierda moderna, que no ha perdido sus anhelos de justicia social pero que va de la mano con la democracia, con el respeto irrestricto a los derechos humanos. Usted, creo, un poco que se ha quedado atrás.

–Yo soy de una izquierda decorosa, sin dobleces, antiimperialista, que nunca se arrodilla, que mira de frente y a los ojos. Yo no pertenezco a esa izquierda asolapada, disfrazada. Yo soy de la izquierda de verdad, no de la izquierda diplomática.

"ALAN ALMORZÓ CONMIGO HACE POCO"

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En familia. De izquierda a derecha, Tomás Borge, sus hijos Sebastián, Juan, Camila y en el extremo su esposa peruana Marcela Pérez.
–¿Qué piensa del nuevo Alan García y su giro conservador?

–Yo no quiero hablar sobre el Perú porque soy embajador aquí y tengo que guardar algunas normas.

–Usted me dijo hace algunos minutos que prefería la franqueza a la diplomacia hipócrita.

–Usted quiere que me expulsen de acá. No, son los peruanos los que tienen que decir quién es Alan García. Yo tengo una buena relación con él, eso sí. Hace poco fue a mi casa y almorzó conmigo y platicamos como unas cuatro horas. Es una persona muy elocuente, un político muy hábil.

–Usted estuvo en la presentación del libro de Víctor Polay.

–Sí. Polay es un buen hombre que ya debería estar libre. Violó la ley pero tiene una gran entereza. Si cometió algunos abusos, ya ha pagado por ellos. Incluso se lo comenté al presidente Alan García. Le dije con toda franqueza que Polay debería salir en libertad.

–¿Y qué le respondió García?

–Me dijo algo así como que todavía no había llegado el momento. Entiendo que es un tema muy delicado. Sería muy costoso en términos políticos adoptar una decisión de esa naturaleza.

UNA VIDA DE PELÍCULA

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Leal. Borge junto a cuadro de su referente político por excelencia.
–¿Qué edad tiene ahora?

–76 años.

–¿Y cuántos años lleva de sandinista?

–Vinculado a la lucha contra la dinastía Somoza, desde los 13 años.

–Casi muere por una huelga de hambre. Lo apresaron. Vivió en la clandestinidad. Imagino que estuvo a punto de morir varias veces.

–¿A punto de morir? Muchas, pero nunca me rendía hasta que encontré una peruana y quedé rendido.

–¿Cuánto tiempo lleva casado con Marcela?

–18 años. Ella estudiaba en Italia y llegó a Managua para hacer su tesis universitaria. Me entrevistó y así nos conocimos. La entrevista más larga de la historia (risas).

–¿Cuántos hijos con Marcela?

–Tres: Juan, Sebastián, que es autista, y Camila.

–Aparte, sufrió la muerte de dos hijas.

–De Birmania y Bolivia, fruto de la relación con mi primera esposa, asesinada por la guardia de Somoza. La capturaron, la violaron y la torturaron porque querían dar conmigo. Ella no sabía dónde estaba.

–¿Cuál ha sido la peor tragedia de su vida?

–La muerte de mis hijas y de Carlos Fonseca.

La Repùblica Perù

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